24 de marzo de 2011

Si tu supieras



Me haría sueño en la noche,
pensamiento en el silencio,
me haría, aun menos que nada
por sentirme tan solo un instante;
carne de tu carne,
sangre de tu sangre,
un segundo en el tiempo
prendido en el ojal de tu vida,
y así, por un momento,
pensar que eres mía.
Despierta rosa del reposo
y mira;
porque aquí estoy yo;
tan solo un hombre
con hambre y sed de amor.
Eres flor de loca pasión;
la de mi pasión loca.
Me tienes roto, herido.
Llorando estoy mis imposibles
sobre los cristales de tus mejillas:
Lluvia timorata
deslizándose sobre tu piel
suavemente, como una caricia
que se hace beso
entre los pétalos rojos
de tu sensual boca.
Y es allí, donde queda;
cuan crisálidas gotas de rocío:
suspiros de amor mecidos
en el viento de tu indiferencia...
y aun así, en su adiós,
te dejan el sabor dulce
de un te quiero amargo,
para luego,
desvanecerse como un sueño,
como la infundada sospecha,
e ir así, poco a poco muriendo.
Y tú, dormida...
Rosa de luna y fuego como te deseo.
Pero al igual que mis sueños
tu perteneces a la noche
y a estos pobres versos que te escribo.
-Te odio, te amo.
Libreme Dios de estos demonios
y a mi corazón de tus espinas.
¡Cómo te odio!
Mi bella durmiente
¡Cómo te amo!
Si tu supieras...


Francisco J. Gil

16 de febrero de 2011

Lamento en la montaña




Aún te veo, río de mi vida,
con los ojos que miran las montañas.

Yo era una montaña con almendros
montaña solitaria.
Y viniste alegre con tu canto
y me besaste toda con tu agua.
Me dejaste inquietud para la noche
y el alma enamorada.

Aún te veo, río de mi vida,
en la curva lejana,
te vas cantando más entre los chopos,
te vas cantando más que en tu llegada.
Y yo,
paralítica montaña;
inmóvil te recuerdo,
enferma de volcanes, alocada,
espero tu regreso, río loco,
que pasaste besando
mi cuerpo de montaña.
Tuviste que seguir tu destino de río,
y yo el mío triste de tierra amontonada.

Me dice el viento que vas al mar,
Te sigo río mío, con los ojos,
Te sigo río mío con los ojos,
ya que no puedo seguirte con las plantas.
Soñé... te quedarías a mi lado,
como un lago sin cisnes,
para siempre,
acunando mi ansia.
Qué locura más loca

enamorarse de un río una montaña!


Gloria Fuertes

7 de octubre de 2010

Cerca de los cuchillos


Es esta el alma suave que esperaba,
esta es el alma de hoy, sin movimiento,
como si estuviera hecha de luna
sin aire, quieta en su bondad terrible.

Cuando caiga una piedra
como un puño
del cielo de la noche
en esta copa la recibiré:
en la luz rebosante
recibiré la oscuridad viajera,
la incertidumbre celeste.

No robaré sino este movimiento
de la hierba del cielo,
de la noche fértil:
sólo un golpe de fuego,
una caída.

Líbrame, tierra oscura, de mis llaves:
si pude abrir y refrenar
y volver a cerrar el cielo duro,
doy testimonio de que no fui nada,
de que no fui nadie,
de que no fui.

Solo esperé la estrella,
el dardo de la luna,
el rayo de piedra celeste,
esperé inmóvil en la sociedad
de la hierba que crece en primavera,
de la leche en la ubre,
de la miel perezosa y peregrina:
esperé la esperanza,
y aquí estoy
convicto
de haber pactado con la tempestad,
de haber aceptado la ira,
de haber abierto el alma,
de haber oído entrar al asesino,
mientras yo conversaba con la noche.

Ahí viene otro, dijo ladrando el perro.

Y yo con mis ojos de frío,
con el luto plateado
que me dio el firmamento,
no vi el puñal ni el perro,
no escuché los ladridos.

Y aquí estoy cuando nacen las semillas
y se abren como labios:
todo es fresco y profundo.

Estoy muerto,
estoy asesinado:
estoy naciendo
con la primavera.

Aquí tengo una hoja,
una oreja, un susurro,
un pensamiento:
voy a vivir otra vez,
me duelen las raíces,
el pelo,
me sonríe la boca:
me levanto
porque ha salido el sol.

Porque ha salido el sol.


Pablo Neruda

12 de agosto de 2010

Elegía a mi madre guapa



Mi pequeña niña, mi madre guapa;
Tus recuerdos se me agolpan
Perfumando el aire de aromas
A sonrisa y ojitos negros.
¡Yo no quería!
Pero...tal vez quería;
Es tan duro amar
y se me hace ahora
Tan larga esta vida
Que me mata tu ausencia
Y muero a lágrima viva.
Era aquella tu vida, madre;
La que lentamente se derramaba
por cada poro de tu piel quebrada.
¡Pero yo no quería!
Pero...tal vez quería.
Tu corazón ya cansado y viejo
Tejió dos alas de pluma blanca
Con el fino hilo de tu último suspiro
Y a tu cuerpo, ya muerto
Las prendí con mis alfileres
De caricias y besos.
Entre mis brazos la paloma
Emprendió con dulzura su vuelo;
Majestuosa, en silencio divino,
Elevó su alma a los cielos.
(Lloro)
¡Ay, madre!
¿Dónde fueron aquellos besos?
¿Dónde las caricias?
¡Mírame!¡Aquí tu hijo!
¡Tan triste y solo!
¡Huérfano!¡Sí, huérfano!
Porque siempre seré tu niño
Y hasta que nos una la muerte
Juro que este corazón roto
Te ha de recordar cada día
Y en la soledad de la oscura noche
Derramará lágrimas de sangre
Con sabor amargo a duelo
Cuando rezando te cante:
¡Todo lo que yo te quise Madre!
¡Ay Madre!
¡Todo lo que yo, te quiero!
***

(Mamá, ésto no es un adiós,
es tan solo un hasta luego)

Francisco J. Gil
(En memoria de mi Madre: Carmen Delgado Vela, 22 de Marzo de 2010)

8 de febrero de 2010

Dejad que allí me pierda



Dejad que me pierda,

Que me vacíe en río.

Allá, donde el agua

Da forma a la piedra,

Donde germinan brillos;

Entre la espuma blanca.

Dejad que allí
me pierda

Y que en un sereno remanso

Aguarde del sutil hado;

Mi final incierto.


Francisco J. Gil

21 de enero de 2010

Deja




Deja que el brillo de tus ojos
Sea luz guía de mis pasiones:
Te deseo...
Que acaricie la delicada flor
Custodia de los tallos de tus dedos:
Te toco...
Que de la boca libe, licor de ambrosía;
El que mana de tu beso:
Te bebo...
Y deja hacer mio tu cuerpo;
Allá, donde el deseo se hace verso:
Te desnudo...
Abrazo a la noche en tus senos;
Dos cuerpos sudan, se agitan:
Te tengo...
Las palabras huyen del momento
Y los gemidos tan solo son silencios:
Te siento...
Apéndice soy de tu cuerpo;
Tú y yo juntos, por siempre uno:
Te amo...

Francisco J. Gil

28 de diciembre de 2009

El mar, la mar...


El mar, la mar...
En tres letras;
La inmensidad.
Digo mar y digo libertad.
El mar, la mar...
Eres él y eres ella.
Mar, mi mar...
De todos, de nadie,
Eres libre, eres presa,
Mar ancha, mar arbolada,
Mar en bonanza, cerrada,
De batalla, de fondo,
De leche, de leva,
De viento...
¡Oh mar, mi mar!
Eres tú, soy yo,
Eres canto, poema...
Mar, sin ti nada sería.
Dime mar ¿quién eres?
Soy mar de dudas;
Aro en la mar,
Me arrojo a la mar,
Hablo de la mar,
Me hago a la mar,
Y te picas y quiebras.
Sobre la mar;
Rizos de olas,
Sobre la piedra;
Espuma de plata.
Mar, mi mar...
Eres Presencia.
Lloro lágrimas de mar,
Río en tus vientos.
Eres vida, eres mar,
Por ti vivo y muero.
Amo la mar;
El mar, la mar...
Y cuando muera,
Seré polvo;
Mas polvo de mar.

Francisco J. Gil

4 de diciembre de 2009

Dama Luna



Y a la luz de la Luna: La dama,
Oculta tras el velo de la noche negra;
Carne desnuda, perfume de brisa.
Trémula Luna con garras de gata,
De sus silencios saben las presas.

***

Pero su cara es de nácar,
Piel de plata y traicionera,
Reflejos de Luna la delatan
Y aún así con destreza fiera
Da caza a sueños y quimeras.

***

Porque de su mirada emana
Luz-ungüento de amor añejo;
Que sobre la piel derrama
Con labios rojos de terciopelo;
La dulce sustancia en un beso.

***

Eres Dama de Luna
Pálida cara que embruja
Con luceros de ojos moros;
Los temo cuando me buscan
Y cuando no, los añoro.


Francisco J. Gil

11 de noviembre de 2009

Obsesiones negras


Me gusta pasear por el ayer,
Agarrado a la mano de aquel momento
En que estando huérfano de amor
Me llegaron tus dos ojos negros.
Sin hablar dijeron te quiero
Haciendose motivo de mi existir.
Tus ojos son grandes y oscuros,
Como dos cielos negros,
Ojos negros que de mí lo son todo.
Cuando los miro, en ellos veo
Cada momento que vivo y siento;
Que estoy triste;
¡En tus ojos negros!
Que ahora río;
¡En tus ojos negros!
Que grito, que amo, que odio...
En tus ojos negros.
¡Haga, piense ó diga!¡allí estoy yo!
¡Siempre en tus dos ojitos negros!
Dan fe, son notarios en el Tiempo.
Sueño con dos profundos ojos negros,
Y es por su culpa que soy reo:
Obsesiones negras que me tienen preso.
¿Mi delito?; locamente amarlos,
¿Mi condena?; La que me impongan ellos.
¡Qué me importa! con tal de no perderlos.
Pero sabed ojos negros
Que ha de llegar el fatídico día
Que cerrando los míos muera.
Y si existe Dios y Cielo
Me encuentre a San Pedro
Y entonces quizás me diga;
-Cuéntame tu historia.
Y yo responda sonriendo;
-¿Mi historia?:
¡Dos ojos negros!


Francisco J. Gil

18 de octubre de 2009

Quiero...



Quiero guardarte en el recuerdo
LLenar el vacío que tu ausencia dejó
Quiero arrancar el dolor del alma;
Hiedra venenosa que me aprieta y ahoga.


Ser un mar de dorado trigo,
Y sentir en la caricia del viento
La mano de tu aliento vivo.


Desde la tierra que piso,
Elevar la vista al cielo,
Para que allá vuele el deseo;
Ave nexo de nuestros dos mundos.


Cruzar el puente de la añoranza
Despojar de su poder al tiempo
Y poder fundir de nuevo
tu corazón latiendo al mío.


Soñar que no es sueño,
Sentir que aún te tengo;
Quiero...

Francisco J. Gil